Erika Moore - Acceso solo por invitación
¿Y sabes qué más recuerdo de aquellas maravillosas mañanas que empezamos a enlazar, una tras otra, después de aquella primera vez en la que me despertaba junto a ti?
Esa luz. Esa dichosa luz cálida. Esa luz que solo es así en el sur. Esa que, sin piedad, atravesaba la ventana y hacía hasta crujir el suelo de madera. Esa maldita y adorable luz que trepaba por la cama hasta mi cara y me despertaba sin piedad para regalarme, una vez más, aquel recuerdo contigo.
Recuerdo mi piel agradecida por recibir ese calor y el escalofrío al sentir la brisa que suavemente se asomaba por la ventana, la que dejabas todas las noches abierta como costumbre para que entrara el olor a mar. Mi marinero y su faro, pensaba yo. Y solo el olor a café recién hecho, que tanto nos encantaba, se colaba por la mañana, y aquel ruido modosito de una radio sonando lejana conseguían que me arrullase a tu lado pensando que no existía nada que pudiera hacerme más feliz que sentirme recién follada por ti. Me equivocaba.
Ay, la luz. Qué bonita e inocente llama de fuego difuminada entra sin ser llamada. Bendita luz que me permitía verte y así poder recordarte con cada detalle ahora. Verte respirar, observando cómo tu pecho se desliza subiendo y bajando, haciéndote tan humano y vulnerable como yo me siento contigo. ¡Qué placer!
Me gusta tanto observarte. Me gustas tanto que, suerte, joder… qué suerte coincidir así contigo en esta vida, en este momento. Qué suerte verte mientras tú no me ves a mí, devorándote.
Escucho tu respiración mientras noto en mi piel las sábanas. Ese roce con las sábanas tan sedoso, tan sensual. Quiero tocarte mientras te miro. Quiero sentirte. Mi piel echa de menos el contacto con tu piel. El recuerdo de anoche está cada vez más presente y tu olor… mmm… Me deleito con ese olor que desprendes, tan rico, después de haber hecho sexo “sucio”. Me vuelve literalmente una fiera. Empiezo a convertirme contigo en una fetichista de los olores. Quiero masajear tu pelo, que notes la yema de mis dedos jugando con cada mechón. Quiero acariciar cada una de las curvas marcadas de tu cara, tu barba espesa y esponjosa, tu boca, esos labios carnosos. Pero quiero que sigas durmiendo. Joder, pero es que quiero besar tu boca. Quiero chocar mi cuerpo contra el tuyo, como dos planetas que colisionan y se funden en un agujero negro. Quiero que sea sin querer, pero, como todo lo que tú haces, estudiado, meticulosamente preparado, y así poder frotar sin ningún tipo de vergüenza mi coño en tu culo, invadirte con mis muslos y subirlos sobre los tuyos, que mis pies se enrosquen en tus duros gemelos. Quiero que notes la aterciopelada piel de mis tetas en tu espalda, mis pezones pétreos, mi respiración agitada y cómo se acompasa con la tuya cuando estamos cerca. Puedo sentirte tan intensamente que puedo vibrarte. Sé que puedo desearte con distancia para no despertarte. Lo que no puedo permitirme ahora es extrañarte. Echo de menos esas mañanas de cualquier fin de semana junto a ti, durmiendo o despertando, y sigo echándote de menos ahora que te miro dormido, aunque estés pegado a mí.
Necesito seguir tocándome y seguir soñando despierta contigo, con nuestra inacabada historia, porque no hay nada que duela más que saber que ya no hay ritual, no hay catarsis. Es un puto castigo.
No hay nada peor que saber que ya no estás y ser capaz de repetir nuestra historia a una atronadora velocidad horizontal en cada una de las veces que tengo sexo conmigo misma, porque me da tanta intensidad, me da tanta vida cada orgasmo, que es como si nunca te hubieras ido y fueras tú el que me toca. Ningún orgasmo sabe igual sin ti.
Que nadie encienda la luz. No quiero escapar aún de todo aquello. Incluso lo hago cuando no estoy yo sola. Me excita tanto cada marca que dejaste en mí que no puedo evitar que mi mente escape a aquellos momentos atrapados. Siento que engaño a quien comparte mi cama. Y la verdad es que me da igual. ¿Te pasará a ti lo mismo?
Esa presión de dejarlo todo a medias me duele. Me perteneces y yo soy tuya. Tú lo sabes y yo lo sé. El tiempo viene, pero no va, no se va. Se queda petrificado en mí. Cuántas referencias a la teoría de la relatividad, ¿verdad? Eras experto en juegos de palabras, en juegos de todo tipo, siempre muy placenteros y excitantes. Pero nunca pudiste adivinar, jugando, qué sería de nosotros.
La vida puta es cruel y despiadada. Y nosotros fuimos un juguete roto con el que divertirse mientras estuvimos juntos.
Bendito sur. Bendito tú. Bendita vida, que me dio el placer de los placeres: vivir mil cosas junto a ti, aunque no suficientes.
Erika Moore
No es para todos. Nunca lo fue.
El acceso no se solicita.Se concede.
by invitation only
Acceso: info@erikamoore.es
© Erika Moore — Todos los derechos reservados